Real Sociedad Regístrate GRATIS en la web de aficionados del Real Sociedad.
Enviar a un amigo
¡Valora el tema!
Total

 

0 votos

evaristo

evaristo

de Oro

Desconectado

11104 Posts

Torkemada (#38543) el 15-06-2011 a las 15:44:25

Publicidad

Tomás de Torquemada - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

 

-----------------------------------------------------------------------

 

 

 

TORQUEMADA: El gran inquisidor

 

 

 

El Mundo, 26 de octubre de 1997

 

 

Fue un producto típico de la endiablada sociedad española de la segunda mitad del s. XV. El inquisidor entorpeció la vida intelectual española de forma trágica. Nunca se arrepintió de quemar herejes ni de expulsar judíos. Su tumba fue profanada durante la Guerra de la Independencia.

TORQUEMADA: El gran inquisidor

Tomás de Torquemada entra en la Historia por haber sido el primer Inquisidor General del Tribunal del Santo Oficio y el que puso a la firma de los Reyes Católicos el decreto de expulsión de los judíos, pero no sabemos bien quién fue. Las referencias sobre su vida provienen de la crónica de los dominicos que Fray Juan de la Cruz escribió en 1567 y cuya credibilidad es limitada. Como a casi toda persona conocida del siglo XV, se le atribuye linaje judaico pero no sabemos si el regidor Don Pedro Fernández de Torquemada o su señora Doña Mencía Ortega, sus padres, eran cristianos nuevos. Hay tanto empeño en afirmarlo hoy como en borrarlo ayer. Y de linaje converso encontramos personajes con tanta variedad de conductas como en el resto de la sociedad española de la época. El origen no hace la trayectoria.

Torquemada, hombre de religión más que fe, es en realidad un producto típico de la endiablada sociedad española de la segunda mitad del siglo XV. Pero por muy decidido que fuese, nunca resultó decisivo, aunque a veces pareciera decisorio. Desde el nacimiento, en 1420, hasta la muerte en el convento abulense de Santo Tomás, en 1498 -otro aniversario para el zurrón noventayochista: quinientos años de la muerte de Torquemada-, su vida se parece a la de muchos hombres de aquella Castilla con tanta fuerza en su gente como indefinición en sus caminos. Isabel la Católica es el imán de los cambios y realizaciones trascendentales de ese final del Cuatrocientos y no es casualidad que Torquemada sea uno de los tres confesores importantes de su vida: un dominico, un jerónimo y un franciscano; el duro Torquemada, el santo Talavera, el severo Cisneros. Para llegar al nivel de Cisneros le faltaba a Torquemada categoría intelecutal -sólo era bachiller en Teología, mientras don Francisco Jiménez era amigo de Nebrija y trató de fichar a Erasmo para su Universidad Complutense-, pero le sobraban, como al futuro cardenal regente, ambición, seguridad en sí mismo y una austeridad que rondaba el exhibicionismo. Más que una ética, el rigor de esta minoría de la iglesia castellana, reformista antes del protestantismo, era casi una estética. Torquemada representaba una línea dura con respecto a los conversos sospechosos de judaizar -es decir, de mezclar la fe de Moisés con la de Cristo mediante dobles ritos o síntesis heréticas-, mietnras Talavera representaba la línea moderada, tradicional y mayoritaria en el alto clero, la naciente burguesía ciudadana y la nobleza. Fueron los disturbios creados a propósito de los conversos los que hicieron cambiar lentamente y siempre detrás de los acontecimientos esta política. Y fue Fernando, de linaje converso por su madre, Juana Enríquez, el que más decididamente encabezó el movimiento cuando lo consideró irreversible, aunque para ello tuviera que recurrir al Papa -que detestaba- y al antiguo confesor de su esposa, amén de pelearse con todo el reino de Aragón.

Cuerpo doctrinal no posee Torquemada, ni tampoco encabeza una facción política. Es la expresión de una conyuntura histórica, casi siempre mal entendida o manipulada, y cuya explicación sigue resultando difícil. Se podría resumir diciendo que el proyecto de los Reyes Católicos para acabar con los enfrentamientos de la aristocracia e incorporar clérigos y laicos sin títulos ni riquezas a la alta administración tropieza con el problema de los conversos, instalados en la cúspide social. Estos cristianos nuevos provocan o sufren feroces campañas a propósito del Poder que tienen, no por su fe, pero sí con la fe, ligada a un nebuloso racismo, como elemento de conflicto. Lo que lleva al establecimiento de la Inquisición es, pues, el problema de los conversos y no, como suele decirse, el de los judíos, que eran poco más de cien mil, marginales desde el punto de vista social y bastante respetados por su fidelidad religiosa tras las grandes conversiones de épocas anteriores. En realidad, sólo había un grupo que odiaba más a los conversos que los cristianos viejos, y éste era precisamente el de los judíos, que los consideraba traidores a su fe y a su raza. En ambos casos el odio era muy popular y entre la plebe católica asociaba imputaciones de crímenes rituales, como el inventado del Niño de La Guardia, con la usura y los impuestos. Pero ese odio estaba groseramente manipulado por gente sin escrúpulos que lo utilizaba en sus intrigas políticas y quizá por eso nunca fue considerado legítimo entre los grupos dirigentes ilustrados, incluidos muchos religiosos.

Sin embargo, la existencia de conspiraciones políticas en las que se mezclaban prácticas rituales judaizantes o heréticas, así como los conflictos cada vez mayores entre cristianos viejos y nuevos, decidieron a los reyes a pedir al Papa la creación de una Inquisición nueva, ya que la tradicional era absolutamente ineficaz por su propensión al soborno. No era en su origen una forma de persecución racial -en España la mezcla racial es tan grande como antigua- sino religiosa y antiherética. Cuando Sixto IV concedió la bula de rigor y nombró los dos primeros inquisidores, a los que sucedió Torquemada al año siguiente, ya como Inquisidor General a propuesta de la corona, la máquina en marcha tenía tres objetivos: luchar contra la herejía, pacificar los grupos sociales y facilitar a los reyes un mecanismo que les permitiera unificar su acción de Aragón y Castilla mediante el instrumento que más los ligaba y que menos discutían: la religión católica.

La aportación de Torquemada consistió en convertir lo que era un proyecto político para la religión en un proyeco religioso para la política. Si esa mutación se hubiera previsto, seguramente la nueva Inquisición no habría nacido. Pero cuando se puso en marcha, no hubo forma de detenerla. Los 10 años de torquemadismo, desde el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio hasta la orden de expulsión de los judíos en 1492, escrita seguramente por el propio Fray Tomás, muestran la evolución del problema de los conversos bajo la actividad inquisidora. Ambos hechos están pensados para preservar la pureza de la fe y asegurar la posición social de los cristianos nuevos, pero desembocan en 3.000 ejecuciones mediante la hoguera y un número varias veces superior de encarcelamientos, confiscaciones, torturas y degradaciones públicas. Torquemada, detrás de la Corona, es quien siembra el terror.

El establecimiento de Torquemada como Inquisidor General, fácil en Castilla, fue dificultosísimo en Aragón. Los catalanes aceptaron la Inquisición a regañadientes, pero pidieron que fueran ellos los que nombraran al Inquisidor. Fernando no quiso. Los aragoneses fueron más lejos y Teruel llegó a alzarse en armas contra el Santo Oficio, caso primero y último. Los turolenses cerraron las puertas de la ciudad a los inquisidores que venían de Zaragoza; el Rey pidió que los funcionarios aragoneses acudiesen armados a proteger la entrada de los inquisidores. No lo consiguió y tuvo que recurrir a tropas de Castilla para que tomaran la ciudad. Pero la caída de Teruel desesperó y radicalizó a conversos, a judíos y a muchos cristianos viejos que veían que la Inquisición acababa con sus fueros y libertades. Empezaron las conjuras en Zaragoza y una desembocó en el asesinato del inquisidor Pedro de Arbués. La represión fue rápida y feroz. Torquemada empezó a llevar una escolta de hasta doscientas lanzas y a tener siempre en su mesa un cuerno de rinoceronte, para prevenir envenenamientos. Los judíos, al principio, colaboraron con él como delatores de los despreciados conversos. Sólo cuando ya era tarde se dieron cuenta de que iban a ser víctimas de un sistema que no sólo eliminaba a los que no terminaban de ser ni judíos ni cristianos sino que imponía por la fuerza la existencia de una sola fe. La obligación no terminó con la devoción pero sí con la libertad de conciencia. La Inquisición española, creada en todos sus detalles por Torquemada, provocó muchas menos víctimas que otros tribunales europeos similares.

Eso es indudable, pese a todas las leyendas negras acumuladas. También es cierto que los católicos franceses mataron más protestantes en una sola noche, la de San Bartolomé, que el Santo Oficio en tres siglos y que los alemanes quemaron más brujas en un año que la Inquisición en toda su historia. Pero la máquina de intolerancia, sospecha, terror y delación accionada por Torquemada entorpeció la vida intelectual española de forma trágica. Duró más en la memoria que en el tiempo. Nos marcó. Torquemada no murió arrepentido ni de quemar herejes ni de expulsar judíos, como se ha dicho, pero sí viejo, paranoico, avariento y miserable Tras lograr la expulsión de los judíos, perdió la salud y volvió a Avila. Negó su hacienda al convento de San Pablo y tuvo que desenterrar a sus padres para llevárselos a Santo Tomás. Consiguió del Papa Alejandro VI una bula para que allí rigieran estatutos de limpieza de sangre y pasó sus últimos años rapaceando fondos para la que fue su tumba. Durante la guerra de la Independencia ésta fue profanada y aventadas sus cenizas. No se averiguó la identidad de los autores del hecho. Demasiados sospechosos.

 

evaristo

evaristo

de Oro

Desconectado

11104 Posts

Re: Torkemada (#38544) el 15-06-2011 a las 15:45:18

Verano de Estrellas

 

 

Verano de Estrellas

 

Cuadro anónimo español del S. XV titulado "Virgen de los reyes Católicos".

 

 

F UE UN HOMBRE que marcó su tiempo y los que le sucedieron, pero cuya vida privada fue siempre oscura y recatada. Místico e incorruptible, fue el causante de la muerte de miles de seres humanos y de la tortura de muchos más. Creó la máquina de represión religiosa y política más eficaz de la historia: la Inquisición española. Su legado de intolerancia y fanatismo ha llegado macabramente vivo hasta el siglo XX.

Si alguien se animara alguna vez a escribir la crónica criminal de las buenas intenciones, sin lugar a dudas la figura del vallisoletano Tomás de Torquemada ocuparía en ella un lugar central. Pocas veces la virtud ha causado tanto sufrimiento al aliarse con la intolerancia. Sin embargo, y como sucede siempre, para que un fanático virtuoso despliegue todo su potencial dañino es necesario que reciba el impulso y la aquiescencia de los poderosos: necesita de un marco político en el que sus instintos purificadores y violentos sean de utilidad pública. Ésa es la razón que explica por qué la figura de fray Tomás de Torquemada sólo alcanzó una dimensión pública en España cuando contaba 62 años de edad.

Tomás de Torquemada había nacido en el seno de una noble familia castellana en el año de 1420. Los reinos de la península Ibérica conocieron durante aquellos años una agitación sin precedentes que estuvo marcada por tres grandes acontecimientos: la disputa con Portugal por la corona del reino de Castilla, la histeria colectiva antijudía y la consolidación del proyecto político de alianza de los reinos de Castilla y Aragón desarrollado por los Reyes Católicos. Sin la confluencia de esos acontecimientos, quizá la vida de Torquemada hubiera seguido siendo simplemente la de un religioso más. Pero no fue así.

Tomás de Torquemada ingresó joven en la Iglesia como miembro de la orden de los dominicos, en el convento de San Pablo, en Valladolid. Y en las oscuras soledades de la vida de monje desarrolló su carrera eclesiástica. Por fin, mediada la década de los 70, fue nombrado prior del convento de Santa Cruz, en Segovia.

U N MÍSTICO

El historiador Houillon describe a Torquemada como "un hombre místico, despegado de las contingencias de este mundo, muy estricto tanto consigo como con los demás, e incorruptible". Sin embargo, su nombramiento de prior demostró que había una tentación contra la que no sabía resistirse: la del poder. Un poder que le permitiera llevar a cabo las aspiraciones de su fanatismo religioso.

Desde el año 1474, la ciudad de Segovia se había convertido en una pieza clave del reino de Castilla. Entonces, la princesa Isabel se había hecho coronar reina de Castilla al amparo del gobernador del alcázar de la villa, don Andrés de Cabrera. Segovia era el bastión político de Isabel la Católica y por ello no tuvo nada de raro que el nuevo prior del convento de Santa Cruz se convirtiera pronto en confesor del secretario y tesorero de la reina, don Hernán Núñez de Arnalt.

Pero si Segovia fue la ocasión, el fanatismo religioso de Torquemada venía de antes. Tomás no era el primer miembro de su familia que sentía la llamada religiosa. Su tío, Juan de Torquemada, era cardenal, pero su origen era judío converso. La constante presión que sufría la comunidad judía había acabado acarreando la conversión al cristianismo de casi la mitad de los 400.000 judíos que habitaban en España. Ese parentesco con conversos espoleó la obsesión del joven Tomás por lograr la pureza religiosa.

Ciertamente, muchos de los judíos conversos debían su nueva religión al miedo más que a la fe y su cristianismo era poco ortodoxo cuando no claramente fingido. Por otra parte, la envidia y la codicia de muchos cristianos viejos les animaba a buscar cualquier defecto en los nuevos cristianos y a seguir hostigando a los judíos que aún no se habían convertido.

Para ello, obtuvieron del papa Sixto IV la bula para crear una nueva Inquisición, a imitación de las que ya se habían autorizado antes, a fin de perseguir las conductas heréticas de los judíos conversos. De ese modo, los judíos pasaron a sufrir una doble presión. Los convertidos corrían el riesgo de caer en manos de la Inquisición y los que seguían siendo judíos sufrían las violencias de los cristianos viejos.

En 1482 se puso en marcha la Inquisición española, pese a los esfuerzos en contra del anterior confesor de la reina, fray Hernando de Talavera, y Tomás de Torquemada fue nombrado inquisidor general. Tomás de Torquemada pasó a ser también el nuevo confesor de la reina que, según el cronista Juan de la Cruz, le escogió porque "fue informada de su prudencia, rectitud y santidad". Ese nuevo cargo hizo que la opinión de Torquemada pesara decisivamente sobre la reina. Torquemada fue una de las pocas personas que se atrevió a amonestar a los Reyes Católicos. No tuvo empacho en forzar a la reina a atender asuntos que él juzgaba de importancia incluso cuando estaba ésta en trance de parir y, enterado en otra ocasión de las ofertas económicas que hacían los conversos para evitar su persecución, se presentó ante los reyes con un crucifijo y les espetó: "Señores, aquí traigo a Jesucristo, a quien Judas vendió por 30 dineros y le entregó a sus perseguidores; si os parece bien, vendedle vosotros por más precio y entregadle a sus enemigos, que yo me descargo de este oficio; vosotros daréis a Dios cuentas de vuestro contrato". Y dejándoles el crucifijo abandonó el palacio.

La misión, pues, que los reyes encargaron a un hombre tan riguroso como Torquemada era la de definir los objetivos y organizar los métodos de la nueva Inquisición. Fue Torquemada quien convenció a los Reyes Católicos de la conveniencia de que la nueva Inquisición dependiera solamente de la Corona y no del Papa.

S ANTO OFICIO

Auspiciados por Torquemada, que desoía las críticas que se vertían contra sus métodos, el Santo Oficio se llenó de siniestros personajes como Alonso de Espina, que también era de origen converso. Otro converso extremista, Alonso de Cartagena, no dudó en escribir: "Si algún cristiano nuevo hay que mal use, yo seré el primero que traeré la leña en que lo quemen y daré el fuego". Para el historiador Joseph Pérez, "el antijudaísmo militante de algunos conversos se debía a su deseo de distinguirse de los falsos cristianos mediante la severa denuncia de sus errores".

La opinión de Torquemada fue decisiva a la hora de animar a los Reyes Católicos a decretar la expulsión de los judíos no convertidos, tras la conquista de Granada en 1492. En 1494, cuando cayó enfermo, cuatro obispos vinieron a ayudarle en sus tareas inquisitoriales. Dos años después se retiró al convento de Santo Tomás de Ávila que él mismo había fundado, y aún tuvo energías para convocar de nuevo a los inquisidores y redactar nuevas instrucciones de funcionamiento. A su muerte, el 16 de septiembre de 1498, le sucedió en el cargo de inquisidor general fray Diego de Deza, pero la Inquisición ya estaba consolidada. Durante los 18 años primeros costó la vida a 2.000 personas que fueron quemadas en la hoguera (según las cifras más moderadas) y otras 25.000 fueron procesadas. Hasta su abolición, en el año 1834, marcó trágicamente la vida española con un sello de intolerancia, e introdujo en la modernidad una mentalidad, denominada inquisitorial, que habría de sobrevivirle hasta el siglo XX.

 

Verano de Estrellas

Verano de Estrellas

 

"Prueba Jurídica de los libros", de Cristóbal Llorens, expuesto en el Museo de Bellas Artes.

 

 

La estirpe del Gran Inquisidorha sobrevivido al personaje de Torquemada e incluso a la institución que él inició. Baste recordar las feroces cazas de brujas padecidas en centroeuropa durante los siglos XVI y XVII. En el siglo XX tampoco han faltado nuevos inquisidores.

En la URSS de Stalin fueron ejecutadas las tres cuartas partes de los miembros del partido bolchevique que habían dirigido la Revolución, acusados precisamente de contrarrevolucionarios. Por los mismos años, en la Alemania de Hitler, se llevó a cabo la última y más atroz persecución del pueblo judío, saldada con seis millones de víctimas. En Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, se desató una ola inquisitorial que, si bien no tuvo el elemento criminal de las ya citadas, sí supuso la implantación de la delación como norma de convivencia y la persecución de la disidencia ideológica. Los diferentes casos pueden ser comparados con otros ocurridos siglo y medio antes para llegar a la misma conclusión. Y es que los inquisidores son tan difíciles de erradicar como la mala hierba y, como ésta, crecen en todas partes.

evaristo

evaristo

de Oro

Desconectado

11104 Posts

MAMARRU

MAMARRU

de Bronce

Desconectado

2382 Posts

Re: Torkemada (#38599) el 15-06-2011 a las 18:25:34

.

txapeldunak

txapeldunak

Novato
Experto

Desconectado

9 Posts

Re: Torkemada (#38628) el 15-06-2011 a las 20:42:05

MAMARRU escribió:

.

 

??????

Respuesta rápida

¿Quieres participar en esta sección?

Si ya eres miembro, entra / loguéate.

¿Contraseña olvidada?

Si aún no estás registrado en mirealsociedad.com:

Regístrate GRATIS