La victoria de el sábado en El Molinón dejó un grato sabor de boca entre jugadores y técnicos de la Real Sociedad. Sumar tres puntos viene bien en la primera jornada y en cualquier otro momento de la temporada, pero el valor del triunfo de Gijón es bastante mayor que lo que pueda reflejar la clasificación.
A un equipo joven, con un entrenador nuevo y con un estilo futbolístico recién implantado, los buenos resultados le ofrecen una confianza que es imprescindible y no puede llegar de otra manera. Ganar de la forma en que la Real ganó el sábado te permite saber que estás en el buen camino, que trabajar en el mismo sentido te puede llevar tan lejos como los jugadores realistas desean.
Montanier tiene en sus manos un grupo en pleno proceso de construcción. Seguramente habrá días en los que se multipliquen los problemas y aparezcan debilidades que apenas se vieron en El Molinón. Por eso resulta tan valioso mandar por fútbol en el primer tiempo y resistir por carácter en la segunda mitad.
También hace un año tuvo un valor difícil de calcular el triunfo inaugural sobre el Villarreal porque el equipo compitió ante un gran rival en Primera con similares garantías a las que había mostrado meses atrás en Segunda. Esta vez un equipo en el que se incluían dos jugadores recién ascendidos del Sanse, con una única novedad con respecto a la temporada anterior, hizo valer sus nuevas armas y dejó una imagen de equipo más formado de lo que cabía esperar tras un par de meses de trabajo.
Confianza en Zubieta
Montanier ha mostrado desde el primer día confianza en los jóvenes de Zubieta. Si Lasarte asentó en la primera plantilla a Griezmann y a un Zurutuza al que lastraban sus frecuentes lesiones, el nuevo entrenador ha hecho titulares desde el primer día a los dos internacionales sub 21 de Zubieta, Iñigo Martínez y Asier Illarramendi.
En el banquillo estaba un juvenil Rubén Pardo, que habría debutado con toda probabilidad si el partido no se hubiera complicado tanto con el penalti y la expulsión de Carlos Martínez. Es igual, su ocasión no tardará en llegar, pero el técnico dejó claro que cuenta con el centrocampista riojano desde el primer momento.
La gran noticia del encuentro fue el enorme trabajo que realizaron los dos jugadores más jóvenes del equipo. Iñigo Martínez dejó temblando a Nacho Novo en el primer balón dividido del encuentro. El antiguo jugador de los Rangers había salido especialmente activo, pero no tardó en comprender que no le iban a regalar nada, aunque enfrente tuviera a un jugador de veinte años.
No sorprendió que Iñigo Martínez jugara el balón con tanta soltura. Ya sabíamos que le gusta salir tocando y que da gusto ver a un zurdo resolviendo problemas con naturalidad en su zona de influencia. Lo que había que ver es si su agresividad iba a seguir siendo la misma, si se iba a cortar o no cuando tuviera enfrente a un tío con diez años de carrera profesional a sus espaldas. No se corta ni un pimiento.
Encima recupera
Algo parecido podemos decir de Asier Illarramendi. Está claro que tiene buen golpeo de balón, un profundo sentido táctico y que es capaz de parar cuando hay que parar y correr cuando hay que correr. Puede llevar la batuta, pero no sabíamos si era o no capaz de sostener al equipo en una ubicación vital desde el punto de vista defensivo.
Pues bien, si el de Mutriku destacó por algo en Gijón, fue por su capacidad de contención. Sujetó al equipo desde una posición de máxima responsabilidad y se complicó muy poco la vida a la hora de jugar el cuero. No corrió riesgos y se apoyó en sus compañeros con naturalidad, pero en la otra faceta fue bastante mejor. Los balones que cortó, robó y recuperó fueron innumerables y todo ello sin comprometer prácticamente nunca a sus compañeros.
Si Asier era capaz de hacer ese trabajo, se hace de pronto muy difícil de entender que Martín Lasarte apostara por la veteranía de Rivas y Aranburu y olvidara en el Sanse a un jugador capaz de aportar todo lo que ofreció el sábado en El Molinón. No se puede negar que cuando a los mayores de la Real les temblaron las piernas porque los de abajo se echaban encima, no era fácil cargar esa presión sobre los hombros de un jugador de 21 años con mínima experiencia en el primer equipo.
Lo que pasa es que Illarramendi se hartó de recuperar balones, tantos como cualquier especialista, su sentido táctico es superior al de la mayoría y además con el balón en los pies tiene aptitudes que no están al alcance de cualquiera.
El debate del delantero
En el entorno de la Real se sigue debatiendo sobre la posibilidad de incorporar a un nuevo delantero. Carlos Vela hizo un buen trabajo en Gijón y demostró que es una alternativa válida fuera de casa. Además Agirretxe anotó los dos primeros goles realistas de la temporada apareciendo en el área saliendo desde la banda izquierda.
El problema se acusará más en Anoeta si Joseba Llorente no recupera pronto su velocidad de crucero. A la Real le vendría bien disponer de un delantero centro de referencia, pero no será fácil incorporar a un jugador importante en estos tres últimos días de mercado. Si no se pone al alcance económico de la Real uno de los jugadores que podrían convenirle, Llorente, Agirretxe, Vela e Ifrán tendrán que asumir la responsabilidad ofensiva del equipo.





